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Mi abuela paterna, Araceli, conocía todo tipo de refranes antiguos y de canciones populares . Llamaban poderosamente la atención de mi imaginación infantil los refranes relacionados con los meses del año. La recuerdo sentada en el borde de mi cama, recitando, como si de un poema se tratase: "En enero cría agua el reguero; en marzo, ñalarzo, en abril, gubril; en mayo, papagayo; y en junio y julio echolos pol mundo; en agosto, frío el rostro; ".Y yo le preguntaba, ansioso, qué pasaba en febrero, o en septiembre. Y siempre tenía algún dicho antiguo preparado para responder. Y ejercían los refranes sobre mi mente exciada un influjo de sabiduría arcana y sagrada, como un diccionario oral y anónimo de la sabiduría de nuestros antepasados sobre el hombre, sobre la vida y sobre cualquier cosa.Mi abuela murió de cáncer hace ya varios años. Sigue presente de muchas formas en la memoria colectiva de la familia. Y ahora es ella la que vive al lado de todos los dichos y refranes populares que ella me contaba, en el mismo lugar donde éstos se alojan, como en un cielo colectivo donde quedan escritas nuestras experiencia. Y es ella quien me recuerda el refrán exacto cuando la vida me pone en alguno de sus jaques. Como un mito griego pequeño y anónimo encarnando una trayectoria de sabiduría vital y cotidiana, feliz cuidando de su trocito de huerto y de sus gallinas, y aprendiendo nuevos refranes e historias de los enormes mitos y sus gestas con los que convive para contármelos algún día a mí y al rsto de sus nietos el día que nos reencontremos.
Las relaciones humanas son un show de la variedad y de la relatividad. Hay todas las formas imaginables de amistad, de amor, de lealtad, etc. Además nuestra concepción de la amistad va cambiando, nuestra manera de entender y vivir el amor también cambia. Además pienso que asociada con nuestra manera de entender los valores en cada etapa de nuestra vida éstos nos plantean no sólo una serie de dilemas de índole ética, filosófica, etc, sino también, paralelamente, contrariedades y dificultades existenciales. En diferentes etapas de mi vida he vivido el amor de maneras diferentes.
Recuerdo mi primera toma de contacto con el tema del amor. Vivíamos en un pueblecito de Asturias. Siendo muy niño, y montado siempre sobre mi bici BH azul, mi hermana mayor me llamó. Estaba sentada en una mesa del patio exterior acompañada de una niña de nuestra edad. Me dijo: "ven y te presento a esta niña". Yo recuerdo haberme puesto especialmente nervioso. Y sólo atisbé a decir: "vas a mamá". Y salí pitando con la bici. Tal era mi inocencia en ese tema.
Por aquella época el amor era para mí algo confuso. Algo que vinculaba a personas de diferente sexo. Pero desconocía casi todo acerca del tipo de vínculo: a qué edad debía empezar, y sobre todo qué debía hacer yo, cuál era mi papel. Y esto era así porque en parte contemplaba las relaciones de pareja como algo deseable pero también como una obligación que llegado el momento no me dejaría tiempo para jugar con los amigos. Por eso cuanto más tarde empezase mejor. ¿y a qué edad se suponía que empezaba esto? 